martes, 20 de marzo de 2012

SÓLO


 La niña buscó una pieza bien pequeña del rompecabezas, que le habían regalado en su cumpleaños. 

- No lo encuentro mami! - comenzó a llorar.
 - Quien te manda, a no tener cuidado con tus cosas.- dijo la madre. 

Ella lloró por algún tiempo, después, se olvidó de la pequeña perdida. Fue a juguetear con una colegiala de la calle donde vivía. Aprendió, ese día, que en la vida se pierde algo o a alguien.

En el fin de la tarde cayó una tempestad.

*******

Una pieza se separa del rompecabezas. Anhela conocer otros paisajes. Un grito intenso surge en su conciencia: "Quiero ser sólo".

El viento sopla bajo de la mesa. La escoba la barre fuera de la casa. El agua del río la transborda llevándola muy lejos. Ella nunca volvió a su casa, ni sabe más el camino de vuelta. Se olvidó de su pasado. Vive intensamente el presente:

"Yo soy mi propio rompecabezas".

lunes, 19 de marzo de 2012

PEINE AL VIENTO

Hace mucho tiempo, en el pueblo, los habitantes recibían cada año diferentes vientos. Por ejemplo; el viento del norte que es cálido y húmedo, como también el viento del sur que era muy frío, luego venía el viento huraño que se escondía de la gente, después el viento juguetón, aficionado a jugar o retozar, luego el viento gruñón, que hacía ruidos con frecuencia, el viento desazón, que producía un pequeño dolor de cabeza o el viento perezoso que era lento y pesado.

Pero entre todas las clases de vientos los habitantes no querían al viento bravío. Empezaba con una pequeña brisa y luego se transformaba y se volvía como una enorme bestia feroz, indómita, salvaje. Arrancaba las hojas de los árboles, desamarraba los mástiles de los buques, destechaba casas, arrasaba con los campos de trigo y de flores, y producía en algunas personas sentimientos de enojo e ira. Por suerte, el viento bravío duraba pocos días.

- ¿Por qué existirá un viento así? Se preguntó Juan, el herrero del pueblo.

Su viejo padre le dijo: - Hijo, tal vez el viento bravío se comporta así por que nadie lo ha estimado, tal vez tenga algún tormento o simplemente necesite de una caricia.

Pero padre, ¿Cómo se le puede dar una caricia a un viento? – Dijo el herrero.

El padre contestó: No lo sé, solo sé que una caricia disminuye un dolor emocional y nos hace sentir importantes para alguien, es simplemente una demostración amorosa.

El hijo entonces, fue a su taller y construyó un peine de metal muy pero muy grande. El herrero pensaba que si el viento pasaba por los dientes del peine, sentiría como si alguien rozara suavemente con la mano su largo cabello.

Desde entonces el peine de viento continúa en este pueblo. El viento bravío nunca más se sintió. Para la época en que los aldeanos lo esperan, solo se siente una suave brisa que pone a la gente feliz. ¡Ah! y un poco vanidosa.

Cuento inspirado en la escultura del artista Eduardo Ramírez Villamizar (Q.E.P.D)






http://www.loscuentos.net/cuentos/local/fabiangs/ 



ESTRELLAS DAÑOSAS

Cuando Cándido llegaba de pescar y caía la noche, le gustaba observar las estrellas. Desde pequeño siempre las observó y siempre quiso tenerlas. Todos saben que tener una estrella es imposible. Pero esto no le importó a Cándido, él quería con todo su corazón poseerlas.

Una vez, que estaba en el pueblo, escuchó desde la calle a una maestra hablarles a sus alumnos de la imaginación. Ella decía que la imaginación era muy importante, por que era la facultad del alma para representar imágenes de las cosas reales o ideales.

Así que cada noche Cándido se iba al jardín de su casa con un plato hondo lleno de agua, y miraba y miraba embebecido el reflejo del brillo de las estrellas y con una gran cuchara de sopa, devoraba una a una y después tendía su red y se quedaba dormido allí, creyéndose el firmamento.


Pero resultó que Cándido comió tantas pero tantas estrellas; que estas se apretujaron mucho y se convirtieron en un agujero negro en su estómago y el pobre murió por culpa de su imaginación.



LOS PIOJOS

Durante muchas generaciones una familia de piojos vivía en la barba de un viejo, veían pocos insectos a su alrededor y ansiaban por el progreso de la región. De tarde en tarde aparecía una u otra pulga con noticias de la posibilidad de un nuevo cambio, pero era todo. Un día el viejo murió, el sueño con el cual anhelaron de no estar tan solos llegó y el hogar fue invadido por insectos propio de los muertos. Primero vinieron los mosquitos, después las moscas, luego las cucarachas, unas hormigas y algunos gusanos, sin embargo un día se acabó la sangre fresca que alimentaba a los piojos. Cogieron la carroña de una cucaracha, después la de una mosca y se cambiaron para la cabeza de un niño donde esperan comenzar nuevas vidas. No reclaman más de la soledad pero echan de falta la barba del viejo. 

Autor: Fabián Guzmán Sánchez - Colombia